miércoles, 1 de junio de 2011
no hay nada peor que quien espera algo... y no encuentra nada.
Pasa el tiempo y con ello la vida, y un día, de repente, te da por mirar atrás y ves que no has recorrido casi nada. Has perdido el tiempo. Discutir. Dormir. Llorar. Perder momentos y sustituirlos por malos ratos. Así, sin más. Sin un motivo. Sin un simple por qué. Y hay muchas cosas que no están y cada instante es un peso enorme, insostenible. Y entonces, simplemente, querrías no estar tú. Desaparecer. Paf. Sin demasiados problemas, sin molestar. Pero es imposible. Desearías ser esa paloma que desaparece al taparla con un pañuelo, o ese conejo dentro de un sombrero. Y ya no está, no está y basta. Pero no lo eres, y esa es tu realidad. Caminas por la calle, respirando ese aire que no te produce ninguna satisfacción. Sonríes a la multitud. Y miras, pero no lo ves. No ves nada claro, no entiendes nada. Sólo sabes que pasa gente a tu alrededor, caminando, volviendo a sus vidas ajetreadas mientras tú... mientras tu no eres capaz de avanzar. Y gente nueva entra en tu vida, como si nada. Zas! "¡ya estoy aquí!", y ya está, no llaman ni a la puerta, ni se molestan. Entran, sin más. Y muchas de ellas no se quedan, hay gente que sólo está de paso. Otras están ahí. Diferentes entre sí. Únicas, se puede decir. Pequeños detalles. Sonrisas, a veces amargas. Va y ven de las cosas. Situaciones, incomodas, confusas, divertidas... en el fondo, situaciones. Y en la calle ruido. Un inmenso ruido envuelto en silencio. Y recuerdas, como de costumbre. Pero... no. Son tantas las cosas que echo de menos... Pero hoy tengo ganas de no pensar.Basta. Estoy fuera. De los recuerdos. Del pasado. Pero también estoy perdida. Antes o después las cosas que has dejado atrás te alcanzan. Y las cosas más estúpidas, cuando quieres, las recuerdas como las más bonitas. Porque su simplicidad no tiene comparación. Y me dan ganas de gritar. En este silencio que hace daño. Basta. Déjame. Ponlo de nuevo todo en su sitio. Así. Cierra. Doble vuelta de llave. En el fondo del corazón, allí, en aquella esquina. En aquel jardín. Algunas flores, un poco de sombra y después dolor. Ponlos allí, bien escondidos, te lo ruego, donde no duelan, donde nadie pueda verlos. Donde tú no los puedas ver. Dejame seguir, desde este punto. Entre ruinas del pasado y el placer del presente. Y vuelve, vuelve ese olor, y con ello esa sonrisa que soy incapaz de olvidar...Y en un instante recuerdo todo lo que no he podido decirte, todo lo que hubiera querido que supieras. Buscar. Loca. Cuántas veces he nadado en ese mar nocturno, me he perdido en ese cielo azul, llevado por los efluvios del alcohol, por la esperanza de encontrarle otra vez. Arriba y abajo, sin tregua. Por Hydra, Perseo, Andrómeda... Y abajo, hasta llegar a Casiopea. La primera estrella a la derecha y después todo recto, hasta la mañana. Y otras muchas. Y a todas les preguntaba: ¿Le habéis visto? Por favor... He perdido mi estrella. Mi isla, que no existe. ¿Dónde estará ahora? ¿Qué estará haciendo? ¿Con quién?. Y a mi alrededor, ese silencio de esas estrellas entrometidas. El ruído molesto de mis lágrimas agotadas. Y yo, estúpida, buscando y esperando encontrar una respuesta. Dadme un porqué, un simple porqué, cualquier porqué. Pero qué idiota. Ya se sabe. Perdemos el tiempo buscando un porqué. Pero a veces no existe. Y por triste que parezca, ésa es precisamente la explicación. No hay nada que saber, ciertas cosas las sientes, las sientes y basta. Reaccionas. Te das cuenta. Un beso lo es todo. Un beso es la verdad. Sin demasiados ejercicios de estilo, sin retorcimientos extremos, sin enroscamientos funambulísticos. Natural, lo más bonito. Lo más bonito... tú.
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