miércoles, 1 de junio de 2011

En el cajón de la memoria, guardo trocitos de la historia.

Aún recuerdo esas noches vividas, esos besos que no dimos, esas caricias que nunca terminaron. Recuerdo cuando tus manos rozaban mi cuerpo, poco a poco, con ritmo constante, sin pausa; todos esos susurros, todo tu cuerpo junto al mío. Recuerdo todos y cada uno de tus detalles: tu pelo, tus ojos color coca-cola, tus labios.. por recordar recuerdo hasta tu sonrisa, esa sonrisa picarona después de cada beso, aquella que salía después de una frase en la que , por supuesto, también me hacias sonreir a mí. Lo recuerdo como si fuera ayer, cuando saliamos por la puerta abrazados y recorriamos todo el camino hasta mi casa sin soltarnos, besandonos... Lo recuerdo todo con una exactitud infinita, como el tacto de tus labios al rozar los míos, el susurro de tu aliento, el sabor de tus besos. Todo aquello que recuerdo me produce una sensación diferente a las demás, pues no es una sensación cualquiera, es ... esa sensación. Aquella que sólo consigues tú, tú y tus recuerdos, tú y tus caricias, tú y esos besos, los que nunca nadie me ha vuelto a dar igual, los que nunca podrán ser sustituidos. Recuerdo como si fuera ayer aquella noche en la que mi cabeza estaba apoyada sobre tu piel de hielo, lo recuerdo tal y como era... aquella noche fue mágica e inexplicable pues.. no hubo ni magos, ni trucos.

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