jueves, 2 de junio de 2011
Inestable.
Levantarse de madrugada... y lágrimas. Lágrimas por doquier y de repente, una sonrisa. No vale la pena estar mal. Y a dormir, como si nada. Nada mas importa. Es hora de pensar en ti. Y otra vez arriba, no puedes dormir. Ahora para aquí, ahora para allí y.. nada. Absolutamente nada es capaz de hacer que te duermas. Y luego.. oscuridad, tu cansancio te ha permitido dormir unas horas... de descansar, ni hablamos. Y toca desayunar, que se te quitan hasta las ganas, pasas el día como puedes. Mejor ni pensar en ello. Llaman los amigos, sales a la calle, sonries... la rutina diaria. Yo creo que tengo la sonrisa pegada en la cara. Una canción. Escuchas, atenta. Lo peor. No deberías haberlo hecho, ha sido lo peor que has podido hacer. Aquella frase, aquella maldita frase que tiene cada canción... la has oido. Estas.. perdida. Más que eso. Incomprensible como algo puede hacer que recuerdes, que pienses en todo aquello que deberías alejar de tu mente. Olvidas todo, menos lo que deberías y sigues ahí. Por qué esto. Por qué aquello. Y nada, sin respuestas. Y entonces viene una vez más. Frío, más bien helada. Oscuridad a donde quiera que mires, total, no ves nada. Soledad en todas las esquinas, en todos los escondites. Y así te sientes, una vez más. Pasas de sonreir ... a llorar. Ya no sabes ni por qué ocurre. No sabes ni cómo consigues soltar una puta lágrima más, no deberían quedar. Y dale que te pego, no paras de llorar. Como alma que lleva el diablo. Unas lágrimas de cocodrilo, así las suele llamar mi madre. No sabes si es rabia, si es pena, si es... incertidumbre. Tan sólo tienes clara una cosa. Idiota. Vuelves a ser esa idiota que lo pasa mal, sin motivo aparente, y que una vez más esta....Sola.
Todo siempre acaba igual.
Dicen que no hay mas ciego que el que no quiere ver, pero a veces la vida no te permite esa opcion. Apaga la puerta. Cierra la luz. Huelo tu permufe. Miro y no eres tú. Y así, locura tras locura, te adentras en un mundo de locos, en el que cada amargura es una salida a otra, otra imaginación. Fantasía. Imaginas que todo está bien , y que por supuesto... es real. Sino, ¿qué sentido tendría ese enloquecimiento extremo? Todo, entonces, tiene sentido. Que se suba hacia abajo, que se vea sin mirar. Ojos que no ven, corazón que no siente, ¿era así, no? Sino no lo entiendo. Y no quiero preguntar. Esta vez no, no preguntaré para no hayar respuesta. No preguntaré para malgastar palabras, es el don más valioso. O no. Ya no lo sé, se oye mucho eso de una imagen vale más que mil palabras. Pero entonces... ¿en que quedamos? Miramos aquellas imagenes oscuras, alumbradas por una sonrisa lejana, oímos aquellas palabras de gente conocida o no tan conocida... palabras vacías, ajenas a todo aquello que ocurre. No sirven de nada. Ninguna palabra es capaz de expresar lo que sentimos. Sentimientos. Asco. Escóndelos , por favor. No quiero verlos, a ti tampoco. Quédate con ellos, ahí. Prefiero no saber. Prefiero no pensar. Pero ya es tarde. Tic -tac . Y... zas! El reloj se para, tu tiempo se ha ido. No lo has aprobechado... y ves, que algo brilla... ah si! Es tu sonrisa, te la dejaste ahí, escondida en el fondo del cajón, olvídada cuando empezaste a recordar... todo lo que viene va, todo lo que sube , baja. O eso me enseñaron. Ya no entiendo nada, ni a ti, ni a mi, y me mareo. Mar... recuerdo.. no, esta vez no, esta vez no voy a recordar. Ya está, dejo de hablar y se acaba. Dejo de escribir y basta. Yo... me voy con las olas a otra parte.. su zarandeo estilistico, su brisa marina olor a tu sonrisa.. Y ya está, esta vez me voy para no volver.
Condenada.
Ya hace un tiempo. Echas cuentas y ves que nada ha mejorado, que todo sigue igual. Mal. Todo está mal. El tipex no cuenta cuando cometes errores con permanente. La soledad invade cada cuerpo, cada célula de aquella piel, de aquel tacto. Pero no hay más, no hay más nada y es la cruda realidad. Acabar. Acabar como si nada.Sin ton, ni son. Puf. Como agua que lleva el diablo, como una ráfaga de luz. Ráfaga que te ciega, te ciega en la propia oscuridad. Y no puedes ver. Ni lo más cercano. Sientes. Cada caricia, la piel, esa piel suave, tacto seda. Tu piel. La que evoca mis sentidos. La que los llama a todos, los pone alerta. Primero, segundo, tercero, cuarto, quinto... incluso sexto sentido. Puede que hasta un septimo. Pecados capitales. Tu y la lujuría, la pasión por lo anhelado, por esa sensualidad indescriptible, esa forma de besar. El deseo de aquel susurro cercano a mi oído. El que me hacia arañar como una fiera. Bestia. No.. bestial. Un beso, aquel como otro ninguno, aquel como un día de ayuno, largo, intenso, que no te permite pensar en nada más. Que te hace extremecerte, que te permite aquella sensibilidad, aquella estabilidad inquietante, desequilibrada tal vez. Y luego... todo. Se junta, se une. Forma un cúmulo de cosas, sensaciones mejor dicho. El peso que oprime mi pecho, puede que sea el corazón. Si, eso creo. No deja de latir, lo escucho a mil por hora. Todo tu culpa. Entre tu y la pasión no me dejais centrarme. Necesito aire. Ahora sí, ya está todo bien. Mis manos agarran las tuyas, y yo sentada sobre tí. Como siempre sueltas una de tus frases, de aquellas picaronas que me hacen sonreir. No pasa nada, es lo mejor en estos momentos. Aliviamos tensión. Disfrutamos el momento. No hay nada como esto, no hay nada como tu pecho, como el dormir junto a ti. No lo hay, estoy segura.
Y sin querer, no quise. No conseguí nada, tampoco hice. Abracé lo que pude, me reprimí a todo aquello que deseaba, lo que me hacia sentir bien. Y aqui andamos, mejor dicho esperamos. Un tren que se marchó. Allí. A lo lejos. ¿ Tú puedes verlo? A veces, tarde para arrepentirse dicen. Otros, mejor tarde que nunca. Yo, condenada a esa tortura, de no haber querido lo que ahora quisiera querer, de no haber sabido ver lo que pude tener.
Y sin querer, no quise. No conseguí nada, tampoco hice. Abracé lo que pude, me reprimí a todo aquello que deseaba, lo que me hacia sentir bien. Y aqui andamos, mejor dicho esperamos. Un tren que se marchó. Allí. A lo lejos. ¿ Tú puedes verlo? A veces, tarde para arrepentirse dicen. Otros, mejor tarde que nunca. Yo, condenada a esa tortura, de no haber querido lo que ahora quisiera querer, de no haber sabido ver lo que pude tener.
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