lunes, 6 de junio de 2011

Seguro debe haber un modo.

Se suele decir que cuando llega el tiempo en el que se podría, ha pasado aquel en el que se pudo. Y es tanta la verdad de lo dicho, es tanta la ansiedad que tenemos por vivir aquello que nos olvidamos de esto, de los más cercano. No sabemos cuan lejos puede llegar a estar un hecho y sólo somos capaces de fijar nuestra mirada en aquel punto alejado al que deseamos ir, olvidandonos del camino que debemos recorrer para poder alcanzarlo. Por el camino, vamos soltando lastres, vamos dejando partes de nosotros mismos, que, a fin de cuentas, es perdernos poco a poco. Vamos sintiendonos mejor y dejamos mentiras, falsedades... por dejar dejamos hasta amistades y nos quedamos con los sueños, con aquella parte de nuestra memoria que, aunque sea irreal, nos hace sentir bien. Aquí puedes robar sueños de todo tipo, sueños que, no obstante no mueren. Miedos, esperanzas, ilusiones, libertad. Los sueños no cuestan nada, y nadie puede reprimirlos. Yo, quisiera una magia que se encendiera por la mañana y no se apagase por la noche. Alguien a quien mirar y a quien decir las cosas que aquí escribo. Sentir que , por una vez, todas y cada una de mis palabras tienen un destinatario, uno que pueda entender a la perfección lo que yo llevo dentro, lo que suelto en esos momentos. Futuro. Sienta bien pensar en el pasado cuando el futuro da miedo. Cuando no sabemos lo que nos deparará, y por muchas cosas malas vividas, ya han pasado. No están, terminaron. Y continuamos en nuestro mundo, viviendo aquellas fantasías.En la vida no se puede tener de todo; sin embargo, es necesario aspirar a ello, porque la felicidad no es una meta, sino un estilo de vida. Y lo que a veces, pudiera parecer una rareza, algo impuro, no es sino una belleza diferente, que no sabemos aceptar. Al menos no por el momento. Por ello debemos avanzar. Hacia adelante. Seguir , cueste lo que cueste. Y ahí entras tú, esa fuerza que me hace ir hacia allí, seguir luchando. Así, de repente. Sin nada que decir. Apareces. Y te metes en mi vida, sin que yo te lo pida. ¿Que haces? No te necesitaba. Estaba mejor así, sin comederos de cabeza. Sin malos ratos.Mal de amores. Y no se cura fácilmente. No existen medicinas. Ni remedios. No se sabe cuándo pasará. Ni siquiera se sabe cuánto duele. Sólo el tiempo lo cura. Mucho tiempo. Porque cuando mayor ha sido la grandeza de un amor, tanto o más largo resulta el sufrimiento cuando éste se acaba. Y no grandeza se refiere a la duración, sino a la pasión, a ese éxtasis, a ese punto máximo en el que el motor te puede llevar, a esos brazos. Y nos reprimimos a no pensar, a darnos por vencidos, a sentir que es propiedad, lo que en realidad no es cierto. Ninguna relación humana contempla la posibilidad de que uno se halle en posesión del otro. En cualquier pareja de almas, las dos son absolutamente diversas. Tanto en la amistad como en el amor, ambas, codo con codo, levantan las manos juntas para encontrar aquello que ninguna de las dos puede encontrar por sí sóla. Y no nos sirve. Seguimos ahí, luchando. Corazón y razón. Porque dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Y que pasa...¿cuando no hay esperanza? Cuando desde el principio no la tienes, cuando comienzas a ciegas en un callejon oscuro. Cuando no tienes voz en medio de un montón de ruido . Silencio irritante. Pasan los minutos. Pasan las horas. Pasa algún día. He leido de todo. He hecho de todo. Pero resulta muy dificil escapar al propio silencio. Lo dijo hasta un sabio japonés: puedes escapar al ruido del río y de las hojas al viento, pero el verdadero ruido está dentro de ti. Y es entonces cuando te das cuenta de que el ser humano siempre ha buscado amar y ser amado, siempre ha creído ver en el amor una especie de catarsis o fuerza liberadora que lo podía todo, creo que esto es así desde que el mundo existe, aunque siempre se ha de estar preparado para la otra cara de la moneda, y no acabar destruido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario