sábado, 5 de noviembre de 2011

2x(2x2)x3+5-3

Verás, hay ochocientos mil millones de mujeres en el mundo, siete millones de hombres en Bilbao, más de ocho plazas diferentes por aquella zona, trescientos sesenta y cinco días el año, veinticuatro horas, con sus respectivos minutos. Y aquel viernes, doce de febrero, tuve que encontrarme contigo. Tuve que bajar de casa de Shelley, tuve que ser la última y encontraros ahí, encontrarte ahí. Tu sudadera, tus vaqueros, y tus... ¿circa? Y por supuesto tu skate, tu pelo, y tu puta sonrisa. La misma que llevo odiando seiscientos veintiún días de mi vida. Seiscientos veintiún días que me has robado con pequeños gestos. Diminutos. Microscópicos. Tanto que no los encuentro para que salgan de mi cabeza. Que no los localizo. Están por todas partes. Seiscientos veintiuno rendida a todo lo que hagas, a como me mires, sí, de nuevo a tu puta sonrisa. La que aborrezco desde que te vi porque es mi perdición. Mi puta perdición. Punto débil. Talón de Aquiles. Tormento. La causa por la que te hablé, pareciendo idiota, montada en tu skate, agarrándome a tu hombro para no caerme y romper mis leggins negros. Para decirte, "como te odio, ¡joder!" y escuchar una frase que cambió todo. Absolutamente. Sin lugar a dudas. Todavía recuerdo que me agregó Lander , y que estabais en una foto juntos. Que te agregué, y empezamos a hablar. Noche tras noche. Tardes sobre la Fever. La tarde que mis amigos para ayudarme me dejaron en aquella plaza, mientras yo me moría de la vergüenza... y aquella frase, quizá salida del momento, que hizo que todo comenzara. Todo eras tú, y yo sin darme cuenta. Nada más, no había nada más. Casa de Eneritz, madrugada. Y tu por la cam, y yo, tonta de mi, sin parar de reír. Por ti. Siempre por ti. Recuerdo tantas cosas... tantas que quise borrar. Encerrar. Dejar atrás, y que hoy, después de tanto, aquí siguen. En mí. Las frases que dijiste. Todas las noches al teléfono. Risas de fondo. Y yo aquí, en clase, recordándote. Como siempre. Recordando aquel día en el que hablamos hasta las ocho de la mañana. ¿Cómo no nos cansamos? Sigo sin cansarme, sin cansarme de ti. Caricias. Besos. Tus ojos. Y de vuelta a tu sonrisa, la misma que tengo de imagen de llamada. La meta de mis chorradas. Y si, sigo siendo aquella niña enamorada de ti, sigo siendo todo lo que era entonces, sin brackets, con otro corte de pelo, pero con el mismo corazón, en el que por supuesto, sigues estando tú. Sólo tú. Explicaciones químicas. ¡Qué fácil que es aquello comparado con lo que yo llevo dentro! Fórmulas, variaciones. Pero todo con sentido común. Sustancias. Aquello de las mezclas. Más sustancias y... amor. Entalpía de reacción. Calor. Y todo tan sencillo. Esto va con aquello para conseguir lo otro. Y listo. Pero... ¿y yo? ¿y tú? Que me lo expliquen. Que no lo entiendo. Ya son casi dos años y sigo igual. Miento. Peor. Decayendo. Cada día más enamorada. Yo... sólo soy contigo. Y me cueste lo que me cueste admitirlo así es. Más recuerdos. Y más voces de fondo. La profesora pregunta si se ha entendido. Que miremos el dibujo. Me rio. De los dibujos y las letras. Me quedo con las canciones. Sensaciones. (Co)razones. Con las frases que nos da la poesía. Con todo lo que seas tú. No él. Ni aquel. Tú. Y ya... no se que más escribir. Si tengo tanto que decirte... Demasiado. Y no sé cómo expresarlo. Ni idea. Muda. Como cuando me callas con tus besos... Recuerdo tantas cosas... Hoy he abierto el baúl. Aquel al que hace tiempo le di doble vuelta de llave. Hoy lo he abierto y todo ha salido. Fiu. Veloz. Velocidad de la luz y esta sensación me ha invadido. Tsunami. Como el de Japón. Y yo pensando que acaba la clase. Y me muero por verte. Por sentirte. Por saber, de nuevo, que sigues ahí. Por explicarte de alguna manera. Con ese ritmo. Pun. Ese latido. Pum pum. Que se acelera. Pum pum pum. Por decirte lo que te voy a llegar a querer. Sin poder evitarlo. Porque siempre serás tú. Ese tú. El único tú.

No hay comentarios:

Publicar un comentario